Nuestra Comunidad Montessori tiene el propósito de mantener y consolidar su sistema educativo, para lo cual es necesario que paulatinamente los alumnos, como todos los integrantes de la comunidad, vayan mostrando las señales de adoptar una educación montessoriana en su actuar. En este sistema los jóvenes son más conscientes y capaces de asumir sus responsabilidades, dado que es un aspecto de profundo trabajo y reflexión cotidiana.

El rol de los Docentes

El perfil de los docentes que trabajan en un método enfocado en la libertad de sus integrantes como el que existe en la Comunidad Educativa Montessori tienen que ser profesionales acorde al modelo y estar convencidos que se puede educar de esta manera. La persona que piensa que el profesor se tiene que imponer, marcar el territorio con temor y límites arbitrarios, no tiene nada que hacer en este modelo. En este sistema, los docentes se ubican alrededor de los chicos, acompañando los procesos con una autoridad positiva, porque tanto profesores como alumnos somos iguales como seres humanos pero tenemos roles distintos. El profesor, que es un mayor de edad, debe respetar a los estudiantes y éstos al profesor. Sin imposición, gritos, humillaciones ni arrebatos. Con autoridad positiva, ganada por el trabajo y la relación afectuosa. Los padres y apoderados que se incorporan a esta Comunidad Educativa deben creer que es posible, formar y relacionarse con los niños y jóvenes de una manera afectuosa, respetuosa y responsable; sin perder de vistas sus obligaciones morales, sociales y espirituales para con sus hijos y pupilos, en la plasmación de virtudes y valores permanentes que les sirvan de modelos para un mundo mejor.

En el método Montessori, los alumnos tienen derecho a exigir un trato respetuoso, de igualdad y consideración, a expresar sus desacuerdos en forma educada y consistente, y a recibir respuesta por aquello que plantean. “Son acuerdos que se tienen que cumplir incluso entre compañeros. Si se rompe ese trato, debemos buscar la manera de resolver el tema con una mediación, con una mesa de conversación, o en la línea de sala que es nuestro espacio donde se resuelven las cosas. Ahí hay que parar los conflictos y solamente si es una situación más compleja se recurre a la mesa de la Directora o del Rector, donde es posible finalmente dar solución a una controversia. Como adultos nosotros necesitamos estar al lado del alumno para que a través de la mediación, el otro tome conciencia de lo ocurrido. Este es el foco fundamental entre nosotros: que los jóvenes tomen conciencia de su comportamiento, de sus emociones y de su aprendizaje”.

Finalmente, este proceso de concientizar a nuestros alumnos de su comportamiento conlleva, además de un extenso trabajo tanto personal como académico de nuestros docentes, a trabajar la libertad con responsabilidad, con disciplina.

Cualquier persona que no conozca el método Montessori podría pensar que en un colegio donde no hay timbre ni inspectores, la disciplina puede llegar a ser muy relajada. No obstante, en el caso del Colegio Montessori Millantú de Villa Alemana las normas están muy bien establecidas.

“Nosotros hablamos de consecuencias, no de castigos. La consecuencia es algo natural que viene después de que uno hace o no algo. Siempre existen consecuencias, pudiendo ser estas positivas pero también negativas o, incluso, dolorosas. En este sentido la disciplina es un tema que se va trabajando en conjunto con la confianza. Son valores que se van cuidando. Cuando un joven pierde algún derecho derivado de sus actos, va progresivamente asumiendo las consecuencias según lo que él ha decidido o no hacer, sin castigos ni humillaciones, se va construyendo la confianza en la medida en que el individuo va reflexionando respecto a su actuar y lo modifica”.